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Congestión mamaria: Cinco maneras de aliviarla

La congestión mamaria es tal vez una de las experiencias más incómodas y angustiantes que pueda sentir una madre que amamanta. Si se presenta congestión o inflamación en los pechos, no se recomienda el destete pues esta medida tiende a empeorar el problema y a disparar sentimientos de angustia en la madre y el bebé. 



Por Valeria Calderón para todas las mamás lactantes que me llaman en busca de una solución.

Unos días después del parto con la transición del calostro a la leche madura algunas madres sienten que sus senos aumentan de tamaño, están sensibles y se ponen tirantes. Algunas experimentan fiebre y malestar. A esto se le llama congestión mamaria y se debe a la gran cantidad de sangre y linfa que llegan al seno a ayudar en la producción de la leche, así como al aumento de la misma. Otra de sus causas de da cuando han pasado algunas horas sin amamantar o cuando el bebé empieza a espaciar las tomas.


Dar pecho con mucha frecuencia desde que nace tu bebé y despertarlo si no come cada dos o tres horas durante las primeras semanas de vida previene la congestión mamaria y asegura una buena provisión de leche para el pequeño.


1. Si el pecho está duro e inflamado tu bebé podría tener dificultades en el agarre. Aplicar calor, masajear con suavidad la zona afectada y extraerte un poco leche antes de la toma ayuda para ablandarlo. Luego de alimentarlo puedes utilizar compresas frías para seguir el tratamiento.


2. Si te congestionas porque tu bebé es dormilón y no ha sido puesto al pecho, el contacto piel a piel, no abrigarlo demasiado, hablarle, cambiarle el pañal y cambiarlo de posición lo despertarán. Si se debe a tomas espaciadas, puedes extraer un poco de leche entre tomas mientras tu cuerpo se adapta.


3. Verifica que tu bebé esté succionando adecuadamente y en una correcta posición para que extraiga la leche eficazmente.


4. Trata de no suplementar a tu bebé con leche artificial si no es necesario, porque succionará menos del pecho y aumentará la posibilidad de congestión.


5. Suspender la ingesta de líquidos no contribuye con la disminución de la molestia. Toma líquidos en la medida de tu sed.


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Pezones agrietados: cinco maneras de prevenir y cinco maneras de curar

Los pezones agrietados es tal vez una de las experiencias más incómodas y angustiantes que pueda sentir una madre que amamantaEn la gran mayoría de los casos de dolor en el seno no se recomienda el destete pues esta medida tiende a empeorar el problema y a disparar sentimientos de angustia en la madre y el bebé. 

Por Valeria Calderón para todas las mamás lactantes que me llaman en busca de una solución.

Cinco maneras de prevenir pezones agrietados:

1. Colocación: Los labios de tu bebé deben estar hacia afuera y abarcar con su boca la mayor parte de la areola (el área oscura alrededor del pezón).


2. Posición: Se facilita cuando la cabeza del bebé está alineada con el resto del cuerpo y volteado hacia ti “barriga con barriga”.


3. Succión: Verifica que tu bebé esté succionando y tragando rítmicamente. Si la succión no es correcta, interrúmpela las veces que sea necesario introduciendo el dedo meñique en la comisura de la boca del bebé para abrirla e intentar de nuevo.


4. No es necesario lavar los pezones ni antes ni después de amamantar. La areola tiene mecanismos lubricantes y antibacteriales, hacerlo contribuye a las grietas.


5. Usa con discresión las pezoneras ya que pueden producir congestión mamaria porque en ocasiones el bebé no logra extraer a través de ellas toda la leche necesaria.

Cinco maneras de curar pezones agrietados:

1. Puedes exprimir una gotita de calostro o leche madura y ponerla en los pezones para una acción cicatrizante.

2. Dejar de amamantar solo agrava el problema. Si un solo pecho tiene grietas, ofrece al bebé del menos afectado primero mientras se activa la bajada de la leche. Si tienes lastimados ambos pechos, compresas de calor y masajes previos para estimular la bajada de la leche contribuyen a que el bebé haga menos succión previa a su salida.


3. Puedes usar en el área afectada lanolina ultra purificada después de alimentar a tu bebé (no es necesario retirarla cuando el bebé vuelva al pecho).


4. Cambia el ángulo de succión variando las posiciones en que amamantas.


5. A muchas mamás les funciona dejar sus pechos descubiertos y que les caiga un poco de sol.


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Peleas de padres pueden generar en los niños agresividad y bajo rendimiento escolar

Las parejas que se irrespetan reiteradamente o se agreden de diversas formas y tienen hijos suelen dejar en ellos huellas, en ocasiones, difíciles de borrar. “He visto bebés irritables y difíciles de calmar, niños agresivos y mujeres adultas incapaces de tener una relación armónica.


Todos tienen algo en común: han vivido momentos angustiantes debido a las constantes peleas de sus padres”, afirma Liliana Laserna,trainer en programación neurolingüística.

Para la especialista, quien ayuda a niños y adultos a generar cambios de conducta, las diferencias y las discusiones ocasionales bien manejadas que se generan en la convivencia no representan ningún peligro para la salud emocional y mental de los pequeños, pero sí cuando terminen en gritos e insultos que buscan ofender o lastimar; o cuando se presenta negligencia o maltrato físico y sicológico. “Subir el tono de voz en una conversación ya es un comportamiento que puede afectar al menor”, agrega.

Desde que el bebé está en el vientre materno empieza a absorber toda la información que recibe de su madre, quien está en contacto directo con él. Es así como percibe sus emociones y sensaciones, que según sea su naturaleza lo impactarán de manera positiva o negativa.
“Algunos recién nacidos son supremamente irritables, y al revisar con la mamá el desempeño de su embarazo se encuentra que hubo sufrimiento producto de las peleas acaloradas con su pareja. También he visto casos de adultos que tienen problemas sociales y de comportamiento, y se ha descubierto que estos empezaron en su vida intrauterina, por querellas entre sus padres, al someterse a terapias de regresión (técnica para encontrar el origen de los conflictos)”, añade Laserna.

Si las disputas se prolongan durante la infancia, especialmente los primeros 7 años de vida –cuando el menor está creando su propio sistema de creencias–, aparecerán problemas a corto y largo plazos. Uno de estos es la percepción errónea sobre la manera de resolver las diferencias (con gritos, malos tratos u ofensas) y sobre el papel del hombre y la mujer. Es así como de adulto replicará las conductas que vio en casa y asumirá el papel que ejercía mamá o papá.

Pero a corto plazo, también se compromete el bienestar de los niños. Algunos, por ejemplo, pueden tener problemas de atención, mostrarse agresivos o hiperactivos en el colegio, manifestar desinterés ante los deberes escolares, aislarse por completo socialmente, desarrollar una personalidad nerviosa y miedosa, comenzar a hacer pataletas o reproducir en el colegio y otros escenarios actitudes aprendidas en el hogar.

Adicionalmente, en ocasiones, el desconocimiento del niño frente al origen de una pelea, al no haber escuchado una explicación clara por parte de los adultos, puede hacer que se sienta culpable de haberla provocado, lo cual vulnera su confianza y autoestima, sustentada entre otros factores en la buena relación de sus padres.

“Por eso es importante que en la discusión nunca estén involucrados los niños, pues el respeto a ellos debe prevalecer por encima de todo. Si no es posible arreglar un conflicto, se debe buscar un espacio alejado para resolverlo y explicarles a ellos que en la convivencia hay diferencias solucionables con respeto y escuchando al otro”, dice el siquiatra infantil Christian Muñoz.

No optar por el respeto y sobrepasarlo sin límites puede provocar también en un retroceso en el desarrollo de quien presencia o percibe las disputas. Por eso, algunos pequeños que ya han aprendido a controlar esfínteres vuelven a orinarse repentinamente o
manifiestan ansiedad de separación cuando esta ya había sido superada. “Se pueden afectar todas las esferas del desarrollo, así como las habilidades sociales cuando la situación se vuelve crónica”, agrega Muñoz.

Además, según el experto, las diferencias irreconciliables pueden contribuir a que se generen más adelante trastornos de ansiedad, del estado de ánimo o depresión, los cuales pueden perjudicar al menor en etapas posteriores de la vida adulta. A nivel biológico, es posible que los pequeños sometidos a situaciones de violencia presenten una atrofia en el hipocampo, estructura del cerebro que registra las emociones.

Por eso, para que una relación sea sana, constructiva y ejemplar para los niños, se debe tomar como base el diálogo y la comunicación. “Es una tarea que se debe hacer todos los días y no esporádicamente”, aclara Liliana Laserna.

De otro lado, es importante que los padres tengan claro cómo sortear las diferencias que inevitablemente aparecerán en el camino. Para lograrlo, la experta recomienda trabajar en la aceptación del otro con sus defectos y virtudes, así como recurrir a los acuerdos, lo cual implica hacer compromisos en todos los aspectos.

El cerebro también sufre
Según el libro Los principios del cerebro en los niños, de Jhon Medina, cuando un bebé se somete a altos niveles de estrés o a un ambiente hostil, su cerebro se vuelve vulnerable. Dice la publicación que durante el proceso de apego que se lleva a cabo en los primeros meses de vida, el cerebro observa intensamente el cuidado que recibe, analizando aspectos como el contacto físico, la alimentación y la seguridad que le proporcionan sus cuidadores. Cuando dichas necesidades no son suplidas de manera satisfactoria y el estrés es un factor predominante, el cerebro segrega dos hormonas: epinefrina (conocida también como adrenalina) y cortisol, de un tipo de moléculas llamadas glucocorticoides.

Estas reacciones se sintonizan durante el primer año de vida. Si el pequeño crece en un hogar estable, no habrá ningún problema. De lo contrario, pierde su capacidad para lidiar con el estrés. El conflicto conyugal puede incidir en el desarrollo cerebral del bebé, y los efectos pueden llegar a ser duraderos y repercutir en la vida adulta. Según investigaciones citadas en el libro, los menores de 6 meses suelen percibir cuando algo anda mal en la relación de sus padres y experimentar cambios fisiológicos como un aumento de la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y las hormonas del estrés.

Consejos claves
Según Liliana Laserna, si el problema ya ha avanzado, aún se puede detener siguiendo las siguientes pautas:
• Evite pelear delante de sus hijos. Es primordial que no escuchen ni vean lo que está ocurriendo entre usted y su pareja.
• Revise cuidadosamente cuáles son los puntos de discordia entre los dos y el comportamiento específico que está detonando la situación. Recuerde que la comunicación asertiva y amorosa es la mejor herramienta.
• Tenga en cuenta que no sirve gritar, explotar, insultar o agredir físicamente al otro.
• Controle sus emociones y resuelva el conflicto utilizando el sentido común y la sensatez; así obtendrá más fácilmente lo que espera de su pareja.
• Preocuparse por entender al otro suele ser una buena estrategia para evitar el conflicto. Comprender es el primer paso para aceptar.
• Si el problema se le salió de sus manos o perdió el norte, no dude en buscar ayuda a través de un sicólogo, un siquiatra, un entrenador en programación neurolingüística o un sicoterapeuta. Encuentre la alternativa con la que más se identifica.
• Una vez supere su problema y se haya restablecido la paz en el hogar, indague con un especialista sobre la posibilidad de que su hijo reciba tratamiento para ayudarle a soltar los procesos emocionales que vivió. Usted puede ser de gran utilidad con su ejemplo.

* Especial para ABC del bebé

Tengo dudas sobre cómo estoy criando

Tener hijos es normal, los seres humanos tenemos hijos y es parte de la evolución. Tener hijos conlleva la labor de criarlos, hecho que conlleva interrogantes que aparecen cuando surge la idea de ser padres, cuestionamientos que perdurarán por el tiempo en que lo seamos.

Por Valeria Calderón

E indagamos, investigamos. Nuestros pares, parientes, profesionales de la salud; los magazines, escritos, el Dr. Google y otros recursos están servidos en bandeja, cada cual con sus instrucciones.

Y seguimos indagando. Preguntamos a quienes nos criaron sobre cómo nos criaron, le preguntamos a quienes criaron a nuestra pareja también y también interrogamos a quienes están criando. Averiguamos con el pediatra, la preparadora, la educadora y demás "expertos" en temas relacionados con bebés o con niños. Y vemos que hay información. Mucha información. Y nos confunde que sea tan distinta como distintos son los los días que pasan. Y concluimos que mucho de lo que investigamos difiere de lo que consideramos hacer, ya hicimos o pensamos hacer.

Frente a tan alta gama de alternativas notamos que bien podemos equivocarnos, asustarnos, enredarnos o aburrirnos. Aunque también inspirarnos, basarnos en nuestro propio instinto y acertar, sentirnos seguros y con la plena confianza que nuestros pasos dejarán huella, porque sencillamente damos lo mejor de nosotros a estos seres que tanto queremos, seres pequeños en tamaño pero grandes en nuestro mundo.

¿Y a quien le hacemos caso? Esos pequeños que traemos al mundo pueden tener características iguales a las de otros, pero su esencia es distinta; son únicos e irrepetibles, nadie los puede reemplazar. Y así como ellos son diferentes nosotros también y por ende nuestra forma de criarlos así tengamos ciertas características propias de la cultura y sociedad en que vivimos. Y por ello nuestro conocimiento surgido del alma será el patrón a seguir para dar respuesta a nuestras preguntas sobre la crianza.

Si bien haremos comparaciones con otros que viven similar momento, éstas pueden tener un buen sentido porque nos damos cuenta sobre los aspectos que tenemos en común y nos podemos dar cuenta que hay un horizonte al que nos acercamos por caminos diferentes, pero que se conectan por el cariño que tenemos con esos pequeños seres que criamos.

Es legítimo el mirar a los otros y es sano indagar. Es una manera legítima para validar nuestra esencia y relacionarla con la forma en que llevamos a cabo la crianza. Ojalá nos sirva para intercambiar experiencias, abrir nuestro mundo, explorar posibilidades, sin perder el norte de donde está nuestra sabiduría, de donde está la sabiduría de nuestros pequeños, de donde está la diferencia y características propias de nosotros de de nuestros niños. Sería sublime que nuestros interrogantes estén respondidos y que nos permitamos cambiar la manera en que pensamos porque frente a tanta variedad y novedad, siempre está la posibilidad de tropezar, pero con el pleno convencimiento que mientras duren nuestros interrogantes, las respuestas estarán a la orden del día diseñadas para lo que nosotros como nuestros niños somos: únicos e irrepetibles.

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Carlos Gonzalez, el pediatra favorito

Carlos Gonzalez, pediatra español y Valeria Calderón en Costa Rica, Octubre 26, 2011


Carlos González Rodríguez (1960) es un pediatra español especialista en lactancia materna consultado mundialmente en temas de lactancia materna, alimentación, sueño infantil y salud, autor de varios libros como "Mi niño no me come" (1999), "Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor" (2003), "Manual práctico de lactancia materna (2004)", "Un regalo para toda la vida, guía de la lactancia materna (2006)", "Comer, amar, mamar" (2009), "Entre tu pediatra y tú" (2010), "En defensa de las vacunas" (2011) y fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna, consultor de La Leche League International, asesor de la Iniciativa Hospital Amigo de los Niños (UNICEF) y defensor de la crianza con apego.
Por Valeria Calderón

Conocí la obra de Carlos Gonzalez hace mucho tiempo cuando mi primera hija era muy pequeña. Llegó "Bésame mucho" a mis manos, un libro hermoso que explica y refuta las teorías que hablan sobre la educación infantil basada en métodos conductistas para enseñar a dormir a los bebés y resalta la importancia de entender los procesos de los pequeños y basarnos en la crianza en el respeto, el amor, sobre todo en temas como el sueño infantil y el llanto. Luego tuve la suerte de leer todos sus libros, con los cuales me identifiqué mucho y me di cuenta que mi instinto de crianza me había guiado bien. Y tuve la oportunidad de conocerlo en persona y además entrevistarlo y compartir con él en un viaje que hice en octubre de 2011 a Centro América a un curso sobre lactancia materna en Costa Rica, al que asistí como parte de una iniciativa propia de actualizarme con mi pequeño hijo y mi hermana médica y su bebé, quienes viven en un país aledaño, pretexto perfecto para vernos y compartir un tema que nos apasiona a ambas.

No podía creerlo cuando me ofrecieron la posibilidad de entrevistarlo para un programa radial en vivo! El defensor de la crianza respetuosa y de lo que yo espontáneamente había implementado con mis hijos como besarlos mucho, cargarlos, permitir que se durmieran en el pecho, no obligarlos a comer y atenderlos cuando me necesitaran, entre otros, permitiendo que le hiciera todas las preguntas que siempre habría querido hacerle! Y además ayudandome con toda la paciencia a acostar a mi pequeño profundamente dormido en un coche prestado a quien irónicamente por una lesión no puedo cargar durante muchas horas seguidas! Me impresionó su sencillez, su amabilidad, su sabiduría, la cual plasma en todos sus libros de manera sencilla, clara, natural y sobre todo su sentido del humor presente tanto en sus escritos como en su personalidad! Me encantó que un pediatra rechace enfáticamente el seguimiento de normas rígidas y estrictas sobre como deberíamos educar, criar, alimentar, hacer dormir y por el contrario, defenda de manera respetuosa y sin imponer sus ideas, por el contrario, ofreciendo información para que quienes lo deseen implementen un estilo de crianza natural, lleno de amor, consuelo, cercanía y lazos de unión que a veces, por prácticas innecesarias recomendadas en libros y por supuestos expertos, terminan menoscabando el vínculo con los pequeños, tan valioso para su futuro. Carlos es una persona valiosa que brinda tranquilidad a las nuevas familias.

Fue un placer conocer a Carlos Gonzalez a través de sus libros y durante cada segundo que compartí con él tanto en la entrevista en la que con paciencia contestaba mis espontáneas preguntas, como en su charla y los encuentros para salir a comer. Carlos Gonzalez fue una enseñanza para mi y seguiré transmitiendo lo que me recibí de él a las madres y padres que a diario me consultan. Le ofrecí una copia de mi "Carta a los que opinan sobre como criar a tu bebé" y me sentí orgullosa de que la leyera. Y aprendí de él incluso al final, cuando en la última salida a comer nos reimos compartiendo anécdotas de crianza como la que le conté sobre una vez que mis hijos se resfriaron y mi esposo, gran amigo de las verduras, agarró un par de cebollas, las puso en un exprimidor y les ofreció un vaso el cual se tomaron hasta la última gota para luego decir que les pareció "rico pero un poco picante" y que sentieron que olieron a cebolla durante todo el día pero que ya se sentían bien... y nos reimos mucho también cuando vio el plato de la carta que yo había pedido y que tenía unas lechugas de decoración y me dijo en chiste al final de la comida, abriendome los ojos como algunos padres lo hacen con sus pequeños a modo de obligarlos a comer: "Y TU VALERIA! NO TE VAS A COMER TODAS LAS VERDURAS?" 
Valeria Calderón entrevista a Carlos Gonzalez, pediatra español. Costa Rica, Octubre 26, 2011
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